Miedo a amar y ser feliz

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Si pensamos que es necesario evitar el dolor para que la vida sea placentera, el riesgo es que nos volvamos tan expertos en no sufrir que a la larga ya no sentiremos nada: ni amor, ni alegría, ni esperanza.

 Nos habremos anestesiado emocionalmente, aprenderemos a vivir dentro de un marco afectivo muy estrecho, sabiendo de antemano que habrá muy escasos picos de gran felicidad a cambio de la certeza de que tampoco habrá momentos de gran depresión: ni el menor dolor ni tristeza; sólo una perpetua monotonía, un día gris detrás de otro.

Debido al miedo que le tendremos al dolor, seremos tan expertos en el arte de la indiferencia que nada nos llegará en el plano de los afectos.

Amar con Libertad

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Si se quiere un amor creciente en las parejas, es necesaria una distancia suficiente para cada uno, así desarrollarán sus habilidades, deseos y gustos más profundos como individuos.

El exceso de cercanía es maligno, como lo es también demasiada distancia. En el primer caso asfixia, y en el segundo desune completamente, y el compromiso entre ellos desaparece.

El amor es un anhelo apacible de dar, de compartir y comunicar al otro el cúmulo de sentimientos buenos, atesorados desde el comienzo de la vida.

Es importante tener presente que el amor no ata, no encadena, más bien da alas de libertad para que el otro vuele tan alto como lo necesite. Y también saberse unido al ser amado con energías invisibles, y disfrutar así los logros al mismo tiempo para hacer florecer el amor.

Cuanta mayor libertad y respeto se otorguen uno al otro, más cercanos estarán, más correspondidos, y mejor se definirá el compromiso.

El amor es ave inquieta de libertad, y no se puede encarcelar porque se muere. Sin embargo, siempre se quedará allí si se le alimenta de ternuras